Papelón en el Senado: Mayans intentó desconocer a Bullrich y desató un escándalo reglamentario

El Senado de la Nación fue escenario de un nuevo papelón político en la previa del tratamiento de la reforma laboral. José Mayans, jefe del bloque kirchnerista, intentó desconocer la designación de Patricia Bullrich como presidenta de la comisión de Trabajo y Previsión Social y terminó protagonizando un escándalo que dejó expuestas tensiones, desorden y una llamativa lectura del reglamento.
El episodio se produjo durante la reunión de comisión convocada para avanzar con el debate de una ley central para el gobierno nacional. Desde el arranque, Mayans cuestionó la validez de la designación de Bullrich, propuesta por el senador de La Libertad Avanza Bartolomé Abdala, y lanzó un exabrupto que rápidamente se viralizó: “Acá hacen lo que se les canta las pelotas”.

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Lejos de limitarse a una objeción formal, el senador formoseño sostuvo que el procedimiento estaba viciado desde el origen y que la comisión no podía funcionar bajo esa conducción. Según su interpretación, la designación de autoridades no habría respetado el artículo 14 del reglamento del Senado, que establece que en la primera sesión la Cámara debe nombrar o integrar las comisiones permanentes.
A partir de esa lectura, Mayans afirmó que la reforma laboral nacería con “vicios de nulidad de origen” y adelantó que su interbloque no participaría de lo que calificó como un atropello. Incluso llegó a pronosticar que el debate terminaría inevitablemente en el Poder Judicial, en un discurso cargado de dramatismo y confrontación.
El tono fue subiendo minuto a minuto. Mayans cuestionó la cantidad de senadores que tendría el oficialismo en las comisiones y lanzó una frase que terminó de tensar el clima: habló de “la incompetencia de Bullrich” y sostuvo que la senadora no había leído el reglamento. Todo ocurrió ante la mirada atónita del resto de los legisladores y con un nivel de desorden poco habitual incluso para los estándares del Senado.
Frente a ese escenario, Patricia Bullrich optó por no entrar en la provocación. Ignoró los planteos del jefe del bloque kirchnerista y solicitó al secretario parlamentario, Agustín Giustinian, que se procediera con la votación de su nominación. La comisión siguió adelante, dejando en evidencia que el intento de desconocer la presidencia no encontró respaldo fuera del núcleo duro opositor.

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El episodio dejó al descubierto algo más profundo que una discusión reglamentaria. La escena mostró a un sector del kirchnerismo dispuesto a judicializar y deslegitimar el funcionamiento de las comisiones cuando no controla su conducción, aun a costa de forzar interpretaciones normativas y de llevar el debate a un terreno de gritos y descalificaciones.
En lugar de discutir el contenido de la reforma laboral, la sesión quedó marcada por un espectáculo que rozó lo bochornoso. Un nuevo capítulo de tensión institucional que, lejos de fortalecer el debate democrático, volvió a instalar la sensación de un Senado atrapado en internas, maniobras dilatorias y escenas que poco tienen que ver con la seriedad que exige el tratamiento de leyes centrales para el país.


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