Borraron un mural de la memoria y estalló la polémica: qué pasó en Mar del Plata

Un hecho ocurrido en Mar del Plata generó fuerte repercusión y abrió un nuevo frente de debate en torno a la memoria, el espacio público y la responsabilidad estatal. El mural “30 mil motivos”, una obra emblemática del artista local Osmar Freites, fue cubierto completamente con pintura blanca, lo que desató una ola de críticas y cuestionamientos.
La intervención borró por completo una pieza inaugurada en 2014, que homenajeaba a los desaparecidos de la última dictadura militar. La obra estaba ubicada sobre calle 25 de Mayo al 3100, en una pared lindera al Centro Cultural Osvaldo Soriano y a la Biblioteca Municipal Leopoldo Marechal, dos espacios culturales de referencia en la ciudad.

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La reacción no tardó en llegar. Artistas, vecinos y referentes políticos manifestaron su rechazo a lo ocurrido, interpretándolo como un acto que trasciende lo material. Entre las voces más críticas se expresó la concejal Melisa Centurión, quien calificó el hecho como “vandálico” y apuntó directamente contra sectores del gobierno local, vinculando la situación con una supuesta avanzada contra la memoria colectiva.
En ese marco, la edil anticipó la presentación de un proyecto para investigar lo sucedido y evaluar posibles responsabilidades. También planteó la necesidad de convocar a organismos de derechos humanos para impulsar la restauración del mural, además de exigir disculpas públicas a la familia del artista.
Desde el municipio, sin embargo, buscaron despegarse del conflicto. Funcionarios del Ejecutivo aseguraron que la pared donde estaba el mural pertenece a una propiedad privada y que la intervención no fue realizada por el Estado. Según explicaron, la propietaria del inmueble habría decidido cubrir la obra en el marco de tareas de reparación por problemas estructurales en la medianera.
La explicación oficial no logró desactivar la polémica. El caso reavivó una discusión de fondo: hasta qué punto una obra con valor simbólico y social puede ser intervenida por tratarse de un espacio privado, y qué rol deben asumir las autoridades cuando ese tipo de expresiones forman parte del patrimonio cultural de una comunidad.

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El mural de Freites no era una intervención más. El artista, fallecido en 2015, tuvo un fuerte vínculo con las expresiones ligadas a los derechos humanos, y su obra había quedado asociada a una fecha clave del calendario argentino. Su desaparición física vuelve a poner en primer plano la tensión entre propiedad privada, memoria histórica y políticas culturales.


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