Mirtha Legrand cumple 99: el secreto mejor guardado de su vigencia

Hay cumpleaños que son apenas una cifra. Y hay otros que funcionan como un espejo del país. Este 23 de febrero, Mirtha Legrand llega a los 99 años y el dato no se agota en la edad: se vuelve una señal de época. Mientras casi todo cambia a velocidad de vértigo, ella persiste, con un oficio que mezcla ritual, control de escena y una intuición que todavía incomoda y fascina.
Nació el 23 de febrero de 1927 en Villa Cañás, Santa Fe. Desde ese origen de interior, con una historia familiar atravesada por dificultades tempranas, terminó convirtiéndose en una figura reconocible para varias generaciones que ni siquiera comparten el mismo modo de mirar televisión. La clave es simple de decir y difícil de sostener: Mirtha no “pasó” por los medios, los habitó como si fueran su casa.

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Su carrera arrancó en el cine cuando todavía era una adolescente. Con apenas 14 años tuvo un protagónico en Los martes, orquídeas, una película que la consolidó y la instaló como parte de una etapa dorada del cine argentino. Ese comienzo explica algo de lo que vino después: el entrenamiento feroz para trabajar, repetirse, bancarse la exposición y entender que la popularidad es un combustible inestable que se administra o te devora.
Con el tiempo, su nombre quedó soldado a un formato que parece sencillo y en realidad es una maquinaria delicada: sentarse a una mesa y conducir. Ahí está su talento específico. En un país donde la conversación pública suele ser un ring, Mirtha convirtió la sobremesa en escenario y, a la vez, en termómetro social. Logró lo que pocos: que su estilo sea discutido, imitado, criticado y, aun así, inevitable.
Lo más llamativo es que la vigencia no quedó congelada en la nostalgia. Este verano volvió al aire con su ciclo desde Mar del Plata, sumando una nueva temporada a un programa que ya atraviesa décadas y formatos. En tiempos de consumo fragmentado, su continuidad funciona como una rareza: un personaje real, no inventado por algoritmos, que todavía consigue que la conversación gire a su alrededor.
Por eso los 99 años son un título en movimiento. Hay algo profundamente argentino en esa escena: la misma mujer que debutó en el cine de estudios, cuando la televisión ni era un sueño masivo, hoy sigue preguntando, midiendo silencios, dejando que el invitado se acomode… y, cuando corresponde, incomodándolo con una frase corta.
Mirtha también es un recordatorio: la fama no siempre es una llamarada. A veces es una construcción lenta, trabajada y sostenida a fuerza de disciplina. Mirtha Legrand, a los 99, sigue siendo noticia porque sigue siendo presencia.

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