El PJ de Mercedes se ordena con Ustarroz en escena mientras la pelea Kicillof–La Cámpora sacude a toda la Provincia

El peronismo bonaerense entró en un tramo decisivo: ya corre el cronograma para renovar autoridades y el cierre de listas quedó atado a una negociación que, en los hechos, está dominada por la supervivencia interna más que por una discusión de rumbo. Con la elección partidaria prevista para el 15 de marzo, el PJ se enfrenta a una definición que excede lo administrativo y expone una grieta de poder que atraviesa a toda la provincia.
En Mercedes, ese clima empieza a traducirse en movimientos concretos. Puertas adentro se aceleran conversaciones para ordenar el PJ local y evitar una interna desgastante, mientras gana fuerza la posibilidad de que Juan Ignacio Ustarroz se ponga al frente del partido en el distrito. No se trata solo de un nombre: es una señal política. En un escenario provincial fragmentado, cada conducción municipal busca consolidar liderazgo, cerrar filas y asegurarse un lugar en la mesa que verdaderamente importa, la del reparto de poder y la alineación hacia arriba.

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La tensión de fondo es conocida en el peronismo bonaerense, pero ahora quedó expuesta sin maquillaje. De un lado se ubica el esquema que responde al gobernador Axel Kicillof, que intenta construir una conducción partidaria más alineada con la gestión y con respaldo territorial de intendentes. Del otro, La Cámpora, que busca sostener control sobre la estructura partidaria y defender posiciones en el armado. La discusión dejó de ser qué peronismo interpretar o cómo reconstruir una identidad después de derrotas y desgaste: hoy el centro es quién maneja el aparato, quién firma, quién valida, quién arma.
En ese marco, la “unidad” aparece menos como síntesis política y más como blindaje. Evitar una interna, en muchos casos, no responde a una estrategia de ampliación sino a una realidad incómoda: la dificultad para movilizar, contener y mostrar musculatura propia sin costo. Cuando el debate se reduce a avales, apoderados, vetos y lealtades, el mensaje hacia afuera se empobrece. Y cuando no hay un relato de reconstrucción, cualquier cierre se vuelve transacción.

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La crisis de conducción también se siente. El PJ provincial llega a este punto sin un liderazgo indiscutido capaz de ordenar a todos, y eso abre la puerta a salidas de emergencia. En la conversación bonaerense se habla de alternativas que asoman cuando el acuerdo entre los polos no cierra: nombres que se instalan como “tercera vía”, más por necesidad táctica que por una construcción superadora. No es un dato menor, porque muestra hasta qué punto el partido se mueve a la defensiva, achicado, sin épica y con el reloj apretando.
Desde Mercedes, la lectura es directa. La política local no está aislada: se acomoda según el temblor de La Plata y del conurbano. Si la provincia termina en un cierre forzado, el distrito buscará mostrarse ordenado para no quedar arrastrado por una pelea ajena. Si la provincia va a una interna fuerte, cada municipio quedará obligado a tomar postura, medir fuerzas y negociar en función de su peso real. En cualquiera de los dos casos, definir temprano una conducción local, con Ustarroz como figura posible, es una manera de anticiparse al derrame.

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Pero el problema de fondo sigue ahí y no depende de un nombre. Mientras la provincia enfrenta demandas urgentes que atraviesan la vida cotidiana, el peronismo bonaerense dedica energía central a una batalla por control interno. Ese contraste, en un año donde la sociedad mira con desconfianza a la política tradicional, es el riesgo mayor: sin autocrítica, sin renovación visible y sin lectura clara del momento, el partido puede conservar estructura pero perder sentido.
Mercedes se prepara para su propia definición partidaria, pero lo hace bajo una sombra provincial que condiciona todo. El PJ local puede ordenar una conducción y evitar una interna, sí. La pregunta, más incómoda, es otra: si esa organización será el punto de partida para reconstruir representación y proyecto, o si será apenas un movimiento defensivo más en una rosca que, por ahora, parece diseñada para no perder poder antes que para recuperarlo de verdad.
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