Seguridad ferroviaria en Mercedes: cuando el municipio reforzó los cruces con cooperativistas
El debate por la seguridad en los pasos a nivel de Mercedes sumó en las últimas horas un antecedente local que reabre la discusión desde un ángulo más concreto. Mientras en el Concejo Deliberante se cruzan posturas sobre la viabilidad de asignar personal en los cruces ferroviarios, reaparece el recuerdo de una práctica aplicada cuando estuvo activo el tren turístico del Belgrano: el municipio se hizo responsable de reforzar la seguridad disponiendo cooperativistas en distintos pasos a nivel.

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La presencia de esos cooperativistas tenía una función específica y visible. Estaban allí para vigilar el paso de la formación, advertir a conductores y ordenar el tránsito en el momento del cruce, cumpliendo en los hechos un rol de prevención similar al de un guardabarreras operativo. No se trataba de trabajos sobre la infraestructura ni de obras, sino de una medida práctica para reducir riesgos en un punto sensible donde se cruzan vías y calles.
El antecedente adquiere valor en el contexto actual porque muestra que, más allá de las competencias formales, en un período relativamente reciente existió un esquema local de intervención preventiva. En otras palabras, cuando el servicio estaba en marcha y el cruce requería asistencia, se aplicó una solución basada en presencia humana y control del tránsito en el lugar. Ese dato no resuelve por sí solo la discusión jurídica que hoy se plantea, pero sí obliga a complejizarla: si antes se implementó un dispositivo de seguridad, aunque fuera acotado y ligado a un servicio específico, entonces la idea de una respuesta inmediata en los pasos a nivel no es una novedad absoluta.

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La discusión aparece atravesada por una demanda evidente: los pasos a nivel se convirtieron en un tema recurrente por el riesgo y por la percepción de vulnerabilidad cuando fallan las barreras o la señalización no alcanza. En ese escenario, la disputa política suele quedar atrapada entre el reclamo a organismos nacionales y la presión social por medidas visibles que reduzcan el peligro ahora, no dentro de meses.
El recuerdo del tren turístico coloca el foco donde más duele: qué herramientas existen para bajar el riesgo mientras las soluciones de fondo dependen de decisiones y presupuestos externos. Y también plantea un interrogante difícil de esquivar para cualquier actor que opine sobre el tema: si la ciudad ya encontró, en otro momento, una forma de acompañar la seguridad en los cruces con recursos locales, cuál sería hoy el camino más realista para implementar una medida preventiva similar, con sostén legal, recursos disponibles y un esquema claro de responsabilidades.


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