La lluvia hizo emerger un viejo problema de Mercedes: aguas cloacales salieron por los desagües pluviales
La lluvia cayó con enorme intensidad sobre Mercedes y buena parte de la provincia de Buenos Aires y, como ocurre durante los episodios meteorológicos más severos, varias calles de la ciudad comenzaron a mostrar dificultades para evacuar semejante cantidad de agua. La avenida 47 fue uno de los sectores donde pudieron observarse anegamientos durante la jornada.
Pero mientras en numerosos puntos el inconveniente estuvo relacionado con la acumulación de agua de lluvia, en una vivienda ubicada en la zona de calles 18 y 7 apareció un problema bastante más preocupante.

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“Calle 18 y 7. Litros de porquería de las cloacas en toda la casa, adentro, patio y garage. Reclamos a la Muni muchos! Así seguimos”, publicó en Facebook Elda Viviana Tancredi.
Las fotografías difundidas por la vecina muestran el patio completamente cubierto por un líquido oscuro que emerge y circula por sectores vinculados al sistema de desagüe.
No se trata solamente de agua que no encuentra por dónde escurrir.
El episodio vuelve a dejar expuesto un viejo problema de infraestructura de Mercedes: las conexiones existentes entre el sistema cloacal y la red de desagües pluviales, dos circuitos que, por su propia naturaleza y función, deberían permanecer absolutamente separados.
El sistema pluvial tiene una finalidad muy concreta. Recoge el agua que cae sobre calles, techos y superficies de la ciudad y la conduce hacia los lugares previstos para su evacuación. Por esos conductos debería circular agua de lluvia.
La red cloacal cumple una función completamente diferente. Recibe los residuos líquidos provenientes de baños, cocinas y demás instalaciones sanitarias de las viviendas y establecimientos.
Cuando ambas redes están comunicadas, el problema deja de ser solamente hidráulico y pasa a ser también sanitario.

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Eso es precisamente lo que queda nuevamente en evidencia durante temporales de la magnitud del registrado este jueves.
Al aumentar violentamente el volumen de agua dentro del sistema pluvial, las interconexiones con la red cloacal permiten que ambos circuitos interactúen. Dependiendo de los niveles, las presiones y la capacidad disponible en cada sector, aquello que debería circular exclusivamente por la cloaca puede terminar ingresando al sistema destinado a recibir el agua de lluvia.
Y entonces ocurre lo que ningún vecino debería encontrar dentro de su casa: aguas servidas emergiendo por un desagüe pluvial.
La situación denunciada en 18 y 7 constituye una demostración particularmente gráfica de las consecuencias de esa anomalía.
El agua acumulada en la vivienda no presenta solamente el aspecto habitual de un patio inundado después de una precipitación extraordinaria. La propietaria sostiene directamente que se trata de líquido proveniente de las cloacas y asegura haber realizado numerosos reclamos ante el Municipio.

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El problema tampoco necesariamente tiene su origen debajo de esa propiedad.
Las redes forman sistemas extensos y comunicados. Una vinculación indebida realizada a varias cuadras puede alterar el comportamiento hidráulico de todo un sector. Cuando los conductos comienzan a llenarse durante una tormenta, los líquidos buscan salida por aquellos puntos donde encuentran menor resistencia o menor cota.
Por eso resulta insuficiente analizar cada episodio como el problema particular de una vivienda.
En Mercedes se sabe que existen desde hace años conexiones entre las redes cloacales y pluviales. A eso se agregan instalaciones domiciliarias incorrectas: propiedades en las cuales los líquidos cloacales terminan conectados al pluvial o, en sentido contrario, desagües de lluvia que fueron derivados hacia la cloaca.
En algunos casos puede tratarse de obras particulares realizadas incorrectamente, por desconocimiento o para resolver problemas puntuales.

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Distinto es otro antecedente que también forma parte desde hace tiempo de las versiones que circulan alrededor del sistema sanitario mercedino: que en determinadas épocas se habrían realizado vinculaciones entre ambas redes para aliviar sectores donde las cloacas se encontraban saturadas.
No corresponde adjudicar esas intervenciones a una gestión municipal determinada ni establecer quién las realizó sin contar con documentación técnica que lo demuestre. Pero la existencia de conexiones entre sistemas plantea necesariamente la necesidad de conocer cuándo se hicieron, dónde están, quién las autorizó y cuál es actualmente su incidencia sobre el funcionamiento de la infraestructura sanitaria de la ciudad.
Porque una solución improvisada para aliviar un conducto puede trasladar el problema hacia otro lugar. Y cuando lo que se traslada son líquidos cloacales hacia una red pluvial, las consecuencias son mucho más graves.
El inconveniente no termina cuando baja el agua. Las aguas servidas contienen materia orgánica y microorganismos y pueden contaminar patios, pisos, objetos y todo aquello con lo que entren en contacto.
Por eso una vivienda afectada de esta manera no necesita solamente que el agua finalmente escurra. Requiere limpieza y desinfección y, fundamentalmente, una solución que impida que el episodio vuelva a repetirse durante la próxima tormenta.

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La lluvia extraordinaria de este jueves puede explicar por qué algunos conductos llegaron al límite de su capacidad. Lo que no explica ni debería naturalizar es que por un sistema destinado al agua de lluvia puedan terminar circulando líquidos cloacales. Ahí está la diferencia fundamental.
Las calles anegadas muestran que durante algunas tormentas el sistema pluvial puede resultar insuficiente frente al enorme volumen recibido. La casa de 18 y 7 muestra algo diferente: las consecuencias de que debajo de esas mismas calles existan redes que no están completamente aisladas unas de otras.
Y el problema merece una respuesta que vaya bastante más allá de atender cada reclamo cuando comienza a salir agua por una rejilla.
Mercedes necesita conocer con precisión dónde se encuentran las conexiones entre las redes pluvial y cloacal, cuál es su magnitud y qué obras serían necesarias para eliminarlas progresivamente.
Porque cuando deja de llover, el agua desaparece, pero las conexiones quedan. Y con ellas permanece la posibilidad de que durante el próximo temporal las aguas servidas vuelvan a recorrer un camino por el que nunca deberían haber circulado.

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