El ritmo de los colores de Guinot

Este domingo poco después de las 21 se vivió un momento muy especial y en un ambiente muy agradable y tranquilo en CheJuan, el café literario que es el reducto para la cultura de estos pagos y en el que se pueden vivir emociones intensas, como las que se produjeron con el show de Camilo Guinot y sus amigos Fito González y el Flaco Cirillo. Camilo tuvo una noche muy iluminada y conmovió a cerca de medio centenar de afortunados expectadores, que no pararon de aplaudirlo y le pidieron más hasta dejarlo sin canciones.
Para muchos era una incógnita lo que iban a ver, dado que Camilo estuvo presente en la ciudad últimamente sólo con intervenciones más bien desde el ámbito de la plástica, con los recordados proyectos Rayuela y Pasacalles, y luego con sus recientes exposiciones individuales en El Limonero y en el Marín y junto a otros artistas plásticos como Coviello y Landi. Aunque se sabe que la música no es un elemento extraño en la química de este artista, y que de hecho fue este hacer en las melodías y con su voz el que lo hizo a él un tipo conocido en la ciudad y respetado en el ambiente. ¿Quién no lo recuerda detrás del micrófono en algún recital de Tadeo, aquella banda que fue una de las señeras del nuevo rock local? O los recitales en la calle para fin de año en la vereda de la casa de la familia de la avenida 17, donde otro de sus integrantes (Lucas, hoy pianista solo y en grupo, con su Trío y los tangueros de La Negracha) también animaba.
Hoy, podría decirse que a Camilo la música le sienta muy bien. Hacerla lo pone muy vivo. Su postura es muy simple y humana, y eso conmovió ayer. Sus canciones que parecen (sólo parecen) simples, cargadas de melodías y climas, llenas de ritmos, navegan en un estilo expresivo y sorpresivo.
Con “El beso del adiós” arrancó ante la expectativa y luego de unos problemas de sonido que no se resolvían. Algunos estaban absortos, lo escuchado era muy raro. Había que entender qué pasaba y con “Vía Yugoslavia”, con su explicación previa, y la participación del “Flex” Cirillo en guitarra, el ambiente se relajó hasta con humor. “Canción que sobra” mostró también lírica y “El problema” (con la aparición de Fito González –otro ex Tadeo–, en percusión) fue un himno a lo Lennon hablando de la cuestión clave del amor en la vida. Profundo y sencillo, como anoche se lo sintió a Camilo.
“No conozco”, “El pozo” (con inspiraciones orientales y más mensajes directos) marcaron puntos de inflexión del show. Se pasaba del ritmo extremo a la melodía limpia y tranquila, suave. Y “Tu vuelo” fue otro peldaño. Los aplausos no paraban tampoco. Había público ahí. Libros y público, bonito lugar para estar un domingo a la noche.
González y Cirillo volvían al escenario a acompañar a Camilo: ahí se sucedieron, en un momento fuerte, “Quiero”, “Llueve y cae”, “Héroes” de Bowie en una versión muy rara, con la letra algo trastocada en el filtro del ambiente y que terminó siendo cantada por todos a los gritos, y “Metamorfosis” de Tadeo. No había más. Ya estaba todo bien. Se disfrutó. Se compartió. Estuvo bueno.

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Vuelve Sinesi
Este miércoles habrá más música de primera en CheJuan: vuelve “Quique Sinesi”, esta vez junto a Carlé Costa y a poco de iniciar su gira por Europa. El guitarrista afincado en Gowland dará su tercer show en el café literario de 18 y 29, y el lugar invita a compartir un momento agradable y especial.
Carlé Costa y Quique Sinesi, con “Ensamble de guitarras”, actuarán este miércoles 8 de diciembre (feriado) a las 21.30. Las entradas se pueden reservar al teléfono 02324-430801 y tienen un valor de $ 10 (que aseguran no es excluyente). El espacio es limitado en CheJuan. La continuidad de esta propuesta cultural le hace bien a la ciudad.

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