El laboratorio del Dubarry, cerrado hasta febrero: la crisis que expone el abandono provincial en Mercedes

El Hospital Zonal Blas L. Dubarry atraviesa una de las situaciones más delicadas de los últimos años. Desde esta semana, el laboratorio dejó de realizar extracciones y no retomará la actividad hasta febrero. La decisión, comunicada mediante un aviso informal en una puerta del servicio, impacta de lleno en pacientes que dependen del hospital para controles, diagnósticos y estudios prequirúrgicos.
La medida no es un detalle menor ni un inconveniente transitorio. En Mercedes, el Dubarry es el principal centro de referencia de la salud pública. Para quienes no cuentan con cobertura privada, la suspensión del laboratorio implica directamente la imposibilidad de acceder a estudios básicos. Enfermedades crónicas, seguimientos oncológicos y prácticas necesarias para intervenciones quirúrgicas quedan en pausa por una razón que nada tiene que ver con la medicina.

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Puertas adentro del hospital, y de acuerdo a testimonios de algunos trabajadores que conversaron con MercedesYA y pidieron absoluta reserva, la situación responde a un combo de desorganización interna, licencias acumuladas, renuncias y una conducción incapaz de sostener el funcionamiento mínimo de un área clave. No se trata de falta de insumos ni de equipamiento, sino de la ausencia de personal administrativo y de una estructura de gestión que se fue vaciando en medio de disputas internas y conflictos no resueltos.
El resultado es brutal en su simpleza. Para un funcionario provincial, febrero puede ser una fecha cercana. Para un paciente que necesita un control urgente, es una espera inadmisible. La enfermedad no entra en receso, no se acomoda al calendario ni entiende de licencias. Cada día sin diagnóstico es un riesgo que alguien decidió correr desde un escritorio.
La crisis del Dubarry no puede leerse como un hecho aislado. Es el reflejo de un sistema provincial que delega, se desentiende y llega tarde. Mientras desde La Plata se habla de integración sanitaria y fortalecimiento del sistema público, en Mercedes el hospital zonal queda librado a sus propias internas, sin conducción firme ni respaldo efectivo.

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La responsabilidad política es ineludible. El Dubarry depende directamente del Ministerio de Salud bonaerense y, en última instancia, del gobernador Axel Kicillof. Que un hospital de esta envergadura cierre su laboratorio por cuestiones administrativas es una señal clara de abandono y de falta de control. No es un problema técnico, es una falla de gestión.
En este escenario, la pregunta deja de ser retórica. ¿Quién se hará cargo si una demora en un análisis termina agravando un cuadro de salud? ¿Quién responde si un diagnóstico llega tarde? El cierre del laboratorio del Hospital Zonal Blas L. Dubarry no es una anécdota ni un problema interno. Es una alerta que expone cómo la salud pública, cuando queda atrapada en internas y desidia estatal, deja a toda una ciudad sin respuestas.


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