Un policía alcoholizado, una muerte y un fallo en Mercedes que indigna: por qué un juez lo dejó libre

El conductor que provocó la tragedia no era un desconocido ni un automovilista cualquiera. Se trataba de Gastón Maximiliano Montepeloso, de 38 años, jefe de la División Unidad Operativa Federal de la Policía Federal Argentina en Rafaela, Santa Fe. Manejaba un Honda Civic y el test de alcoholemia arrojó 0,48 gramos de alcohol en sangre. En la provincia de Buenos Aires rige la tolerancia cero: cualquier registro positivo es infracción grave.
Pese a ese dato central, la causa dio un giro que provocó estupor. La fiscal interviniente solicitó que la aprehensión se convirtiera en detención, en función del resultado fatal del hecho y de la conducta del imputado. El juez de Garantías Luis Marcelo Giacoia rechazó el pedido. Sostuvo que dejarlo preso resultaba desproporcionado y ordenó su inmediata libertad.

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El magistrado argumentó que la detención excedía los límites legales. Como medidas, dispuso que el acusado fijara domicilio, entregara la licencia de conducir y se abstuviera de contactar a las víctimas y a sus familiares. Nada más. La muerte de una mujer, una menor herida y un conductor alcoholizado no alcanzaron para justificar la cárcel, ni siquiera de manera preventiva.
Montepeloso se negó a declarar ante la fiscalía. Está imputado por homicidio culposo y lesiones culposas, bajo la figura de conducción negligente e imprudente. En paralelo, la Policía Federal lo pasó a disponibilidad y abrió un sumario administrativo interno, una reacción formal que poco dice frente a la magnitud del daño causado.
En las horas posteriores al choque circularon versiones sobre una posible picada con otro vehículo, un Audi que habría quedado registrado en cámaras de seguridad de un barrio cerrado cercano. Por ahora no hay pruebas que confirmen esa hipótesis, aunque la investigación sigue abierta y se busca al conductor del otro auto para que declare.
El estado de la ruta también aparece en el expediente. En ese tramo no hay guardarraíles y el cantero central es apenas una zanja con pasto, mal mantenida. Es un dato que explica la violencia del cruce de carril, pero no atenúa la responsabilidad de quien manejaba alcoholizado.

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Mientras la causa avanza a ritmo judicial, una familia quedó destruida. Una adolescente perdió a su madre y un esposo deberá rehacer su vida sin su compañera. Del otro lado, un funcionario policial que debía hacer cumplir la ley volvió a su casa en libertad, amparado por una decisión judicial que, para muchos, vuelve a dejar una sensación conocida: ante la tragedia vial, la balanza no siempre pesa igual para todos.

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