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Carlo Acutis: ¿qué hay detrás del nuevo beato de cuerpo incorruptible?

Los “cuerpos incorruptibles” en el mundo occidental están altamente ligados con concepciones religiosas de las iglesias católica romana y ortodoxa oriental. Por siglos, se ha considerado que los individuos cuyos cadáveres “no se descomponen” fueron aquellos con una fe plena, que dejaron atrás una carne “incorrupta”.

10 de Octubre de 2020 • 20:57

Claramente, para la actualidad, a pesar de que se siguen viendo noticias relacionadas con este tema, como la reciente beatificación del devoto adolescente italiano, Carlo Acuti, el mundo requiere explicaciones que vayan un poco más allá de la “santidad” del individuo, para poder justificar el fenómeno biológico.

En condiciones normales, cuando el cuerpo ya no cuenta con los estimulantes de la circulación de la sangre o los procesos metabólicos este comienza a deteriorarse. La carne se descompone y se cae, los órganos se degradan, el cabello se desintegra y, en algún punto, incluso los huesos sucumben. La creencia popular es que los “incorruptibles”, no pasan por ninguno de estos procesos. Pero, ¿Qué es considerado exactamente “un cuerpo incorruptible”?

El imaginario colectivo cree que se trata de un cuerpo totalmente intacto reposando como si durmiera dentro de un relicario de cristal, al estilo de Blancanieves. Pero la realidad es algo diferente. La mayoría de los “incorruptibles” luego de ser desenterrados deben pasar por variados procesos de conservación para detener la descomposición que se inicia una vez los sacan de sus tumbas.

Se ha alegado que muchos de los “cuerpos incorruptibles” no muestran las señales de putrefacción usuales, que suelen ser “flexibles”, como si el rigor mortis no los hubiera afectado, e incluso que liberan un “aroma floral” que la iglesia también ha asociado con una prueba de santidad. Sin embargo, no todos los casos cuentan con estos tres elementos, ni los logran mantener en el tiempo.

Por lo que, aunque se tiene una idea de lo que es un cuerpo incorruptible, no es posible dar con una definición clara. Sobre todo cuando aquellas que rondan el imaginario popular y las que da la propia Iglesia no se acoplan por completo a la realidad.

No obstante, esto no ha evitado que la figura de los “Santos incorruptos” se popularice y que sus cuerpos y “reliquias” (partes diseccionadas de los cuerpos o ropas del difunto) sean veneradas en el mundo.

Entonces, ¿existe la incorruptibilidad? Por lo menos en los términos exactos planteados por la iglesia, no. Es claro que sí existe un fenómeno particular en algunos de estos casos que aún no han podido ser debidamente explicados por la ciencia.

Pero la idea de “un cadáver que no se descompone” está lejos de la realidad. En muchos casos, el cuerpo simplemente se ha momificado naturalmente. En otros, pareciera que el proceso estuviera desarrollándose, pero a una velocidad mucho menor a la esperada.

Con el paso de los años, décadas y siglos, el deterioro en los cuerpos se hace cada vez más notorio. Es por esto que muchos han tenido que pasar por “tratamientos” en los que se recubren sus partes con cera, o directamente se sustituyen por completo, para mantener la imagen de “incorruptibilidad”.

La Iglesia nunca ha escondido estos procedimientos y, al visitar los cuerpos cuando están en exhibición, se nota que han recibido retoques. Entonces, se podría decir que existe algún proceso biológico que realmente hace que estos cuerpos se descompongan de forma distinta, pero no que la nieguen o eviten por completo.

Entonces ¿qué es lo que hace que estos cuerpos se conserven? Incluso ahora, para el caso de los “cuerpos incorruptibles” la ciencia no tiene una respuesta totalmente clara. Se sabe de casos como el de 1865, en Guanajuato, México, en el que se encontraron los cuerpos naturalmente momificados sus antiguos pobladores. En este caso, se pudo determinar que las condiciones altamente salinas de la tierra que los rodeaba contribuyeron con su momificación y conservación.

Por otra parte, en el caso de los “incorruptibles” no es posible llegar a un consenso aún. Por ejemplo, recientemente un equipo de paleopatólogos modernos de la Universidad de Pisa, apoyados por el Vaticano, estudió las tumbas de algunos de los “santos incorruptibles”. Pudieron determinar que algunas, estando incluso en la misma capilla, ofrecían condiciones mucho más favorables para la conservación de un cuerpo: como la baja humedad, las temperaturas frías y un suelo salinizado.

Se sabe que en muchos casos los “incorruptibles” parecieran haberse más bien momificado naturalmente. En otros, con el tiempo se han visto indicios o encontrado registros perdidos que hablan sobre procesos de embalsamamiento de los cuerpos. Con esto, la lista de “milagros” se hace mucho más corta.

En resumen, muchas veces las condiciones ambientales o la propia intervención humana han colaborado para la generación de estos casos de “cuerpos incorruptibles”. Sin embargo, no hay aún una explicación clara y estándar para todos los casos. Además, mientras unos han sido desmentidos, otros permanecen siendo un misterio.

Casos como el de Acuti siguen sin ser investigados, por ejemplo. Por lo que, es difícil emitir un juicio sobre ellos. Por lo menos, en este caso la Iglesia llegó a admitir que el cuerpo del devoto adolescente no estaba “totalmente incorrupto” y que claramente la descomposición sí había iniciado. Sin embargo, la velocidad de esta parece ser mucho menor y, por ende, sigue siendo válida para su beatificación.

En su momento, esta “incorruptibilidad” de la carne era vista no solo como un milagro, sino como un claro signo de santidad. Como consecuencia, era requerido comprobar que el individuo tuviera un cuerpo incorrupto antes de proceder con su beatificación o canonización.

A estas alturas, la Iglesia ya no cuenta más a la incorruptibilidad como un “milagro”. Sin embargo, como podemos ver, aún continúa utilizándola como un punto de honor para aquellos individuos cuya devoción va a ser reconocida.

Si las investigaciones siguen, probablemente algún día sabremos un poco más sobre este particular fenómeno. Por ahora, la ciencia y la religión parecen estar encontrándose en un punto medio, admitiendo que ninguna de las dos tiene, por ahora, una respuesta completa.

El más reciente caso que ha tenido al mundo hablando ha sido el del italiano Carlo Acutis. Nacido el 3 de mayo de 1991, Acuti mostró desde muy pequeño una devoción particular por los santos. Asimismo, gustaba enormemente de rezar e ir a la iglesia.

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