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Semana Santa: ¿Qué se celebra el Día de Pascua?

Para algunas personas las Pascuas son un par de días feriados, regalar huevitos de chocolate o comer una rica rosca de pascuas. Para otros, la Pascua es principalmente un tiempo para conmemorar la muerte y resurrección de Jesús. Para muchos, la Pascua, como la Navidad, es celebrada como una combinación de lo secular y lo sagrado.


La Última Cena fue la última ocasión en la que Jesús de Nazaret se reunió con sus discípulos para compartir el pan y el vino antes de su muerte

18 de Abril de 2019 • 10:57

La pascua cristiana, fecha en la cual se conmemora la resurrección de Jesús, se celebra el domingo después a la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera del hemisferio norte (21 de marzo), coincidiendo originalmente con tradicionales festejos de pueblos mediterráneos milenarios, que celebraban durante varios días la llegada de la primavera.

Esta superposición de eventos se empezó a adoptar oficialmente a partir del Concilio de Nicea en el año 325. En las celebraciones cristianas, no existen “instrucciones” bíblicas sobre cuando ni como celebrar la pascua, por esta razón seguramente se adoptaron tradiciones de origen pagano para festejarla.

Las conmemoraciones religiosas de la pascua cristiana comienzan el domingo anterior al llamado domingo de pascuas, recordando la llegada de Jesús a Jerusalén. Este domingo es llamado domingo de ramos y tradicionalmente los creyentes llevan ramas de olivos o de palma en las procesiones como símbolo de su fe. En Los días siguientes a este domingo y procediendo con la llamada semana santa, se conmemoran hechos de los últimos días de vida de Jesús, relevantes para la religión católica, como por ejemplo: el anuncio de sus muerte, la traición de Judas, la última cena, y la crucifixión.

Los huevos de pascuas y los conejos son los símbolos típicos de los festejos de las pascuas contemporáneas. Estos elementos simbólicos también provienen de miles de años atrás y de las fiestas que celebraban los pueblos en la antigüedad. La naturaleza prolífica de estos animales y la asociación del huevo con la vida, simbolizan el renacimiento primaveral y el pasaje del invierno a la primavera (La palabra pascuas tiene su origen en la palabra hebrea pesaj, que significa paso).

La tradición de los huevos de pascua también tiene un origen muy antiguo. En otros tiempos estaba prohibido, además de no comer carne, no ingerir huevos ni lácteos durante la cuaresma. Como la gente tenia gallinas y otros animales ovíparos que les daban huevos durante este periodo y no podía consumirlos, entonces los cocían y pintaban para comerlos al terminar el periodo de prohibición. Por lo tanto, al final, tenían una gran cantidad de huevos que acostumbraban regalar en la celebración del domingo pascual. Fue en la época del rey Luís XIV que se comenzó con la costumbre de pintar los huevos para darle un sentido mas comercial, ya que desde entonces estos empezaron a venderlos, expandiéndose luego a los mercados alimenticios haciéndolos de chocolate, también decorados. Hoy en día la tradición de regalar huevos de chocolate es mundial.

De acuerdo a la concepción cristiana, durante la Semana Santa se evoca la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Es el momento más sobresaliente del calendario litúrgico. Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha observado distintas festividades, consideradas sagradas para muchos feligreses. Sin embargo, con frecuencia ocurre que lo sagrado se mezcla con lo profano, formando un sincretismo de múltiples culturas. Muchas observancias paganas fueron cambiando de fecha, hasta coincidir finalmente, con la celebración de la Pascua.

El origen de la Pascua se remonta al año 1513 antes de Cristo, cuando el pueblo judío emprendió su éxodo desde Egipto, hacia la Tierra Prometida. Se celebraba cada año, como recordatorio de la liberación del pueblo hebreo. En la víspera del primer día, se comían hierbas amargas mojadas en vinagre, para recordar la tristeza de la servidumbre. Y se narraban en tono cadencioso cánticos que hacían alusión a las diez plagas de Egipto.

El cordero de Pascua era escogido por cada familia. Con el tiempo, la ceremonia de inmolación fue llevada a cabo por la clase sacerdotal. El animal debía ser un macho cabrio, sano y de un año de edad. Se inmolaba al finalizar el día; y por la noche se comía con lechugas amargas. No estaba permitido romper sus huesos, ni dejar restos de carne. Por esta razón, los israelitas se reunían en grupos, para cumplir con las prescripciones de orden sagrado. Durante los siete días posteriores al 14 de Nisán (mes del calendario israelita correspondiente a marzo – abril de nuestro calendario), el pueblo hebreo sólo comía pan sin levadura (no fermentado), al que llamaban “ázimo” o “pan de aflicción”.

Por su parte, para los cristianos, la Pascua es la fiesta instruida en memoria de de la resurrección de Cristo.

El registro bíblico dice que la noche anterior a su muerte, Jesús se reunió con sus discípulos para celebrar la Pascua judía. Posteriormente, instituyó lo que se conoce como la “Cena del Señor”, y dijo a sus apóstoles “Sigan haciendo esto, en memoria de mi” (Lucas 22:19). La Cena del Señor debía celebrarse una vez al año; con ella se conmemoraba la muerte de Cristo.

La Pascua tiene distintas manifestaciones, en diversos lugares del planeta. En Jerusalén (cuyo nombre significa “Doble Procesión de Paz”), la celebración comienza con una serie de procesiones. El Viernes Santo, miles de feligreses cristianos reconstruyen las últimas pisadas de Jesús. Más tarde, los peregrinos visitan el Santo Sepulcro; la tumba donde, según la tradición se colocó a Cristo. Mujeres vestidas de negro ungen la piedra sepulcral con aceite; lloran sobre ella y la besan.

En la Ciudad del Vaticano, el Papa celebra una misa especial. Para esta ocasión acude todo el cuerpo diplomático; centenares de cardenales, prelados y sacerdotes y monjas, además de miles de peregrinos, que llenan la Plaza de San Pedro.

Lo cierto, es que poco a poco se va perdiendo en todo el mundo, el sentido religioso de esta celebración. Hoy la Semana Santa es para muchos, sinónimo de “mini-turismo”. Y como si fuera poco, desde el inicio de la Cuaresma, (los 40 días de preparación previos al domingo de Pascua), un tiempo supuestamente llamado al recato y a la penitencia, los obispos advierten la desnaturalización de esta conmemoración, provocada en parte por la continuidad de los festejos de carnaval. Como quiera que sea, y pese a las distintas interpretaciones que tiene la celebración de la Pascua, este suceso continúa conmoviendo al mundo entero, creyentes o ateos. Porque más allá de lo sagrado o profano, la Pascua es una maravillosa conjunción de ritos, cultura, creencias y leyendas del imaginario y de la realidad.


Durante La Vigilia Pascual, en la noche del Sábado Santo, se celebra la Resurrección de Jesús

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