La doble vida de un pastor: se entrega tras ser acusado por sus propias nietas

Un caso que estremece a la comunidad de Merlo se desarrolló recientemente cuando Daniel Villamea, pastor de 59 años, se entregó voluntariamente a la justicia tras ser denunciado por abuso sexual por dos de sus nietas. El religioso compareció ayer al mediodía en la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N°12 acompañado por su abogado, luego de que la fiscal María Laura Cristini solicitara su captura nacional e internacional.
La magistrada comenzó a tomar declaración indagatoria al acusado durante la mañana, con la previsión de que posteriormente sea trasladado a una comisaría donde permanecerá detenido mientras avanza el proceso judicial. Villamea enfrenta graves imputaciones que incluyen abuso sexual con acceso carnal agravado por su condición de ascendiente y guardador contra menor de 13 años, reiterado en múltiples ocasiones, concursando idealmente con corrupción de menores agravada.

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La investigación se inició a partir de una denuncia realizada por Daiana, hija del acusado y madre de una de las víctimas, quien detectó comportamientos preocupantes en la menor. Según reveló a medios locales, ella misma había sido víctima de abusos durante su infancia, aunque nunca los denunció, circunstancia que la mantuvo especialmente alerta respecto a su hija. “Un día la encontré llorando, me acerqué a conversar con ella y me contó todo”, relató Daiana al portal Primer Plano Online.

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La situación se tornó aún más grave cuando, tras confrontar a su padre advirtiéndole sobre la denuncia penal que realizaría “para que pague todo lo que hizo”, otra nieta del pastor también presentó acusaciones similares. Según las investigaciones, los abusos habrían comenzado en 2017, cuando una de las menores tenía menos de 8 años, y continuaron durante el tiempo en que quedaba bajo el cuidado del abuelo.
Un aspecto particularmente doloroso del caso es la fractura familiar que ha provocado. De los siete hijos del pastor, tres lo consideran culpable mientras cuatro mantienen su defensa, situación que derivó en enfrentamientos físicos cuando medios de comunicación acudieron al barrio para obtener testimonios. La confrontación entre hermanos terminó en una pelea a golpes, evidenciando la profunda división familiar que el caso ha generado.

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La revelación de los hechos solo fue posible cuando la familia logró mudarse de la vivienda que compartían con el acusado, momento en que una de las menores pudo finalmente contar los ataques sexuales sufridos. Este elemento, común en muchos casos similares, subraya las dificultades que enfrentan las víctimas para denunciar cuando siguen bajo el mismo techo que su agresor.

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