Diez años de gestión y un escenario que cambió: Ustarroz abrió sesiones entre obras, advertencias y preguntas incómodas

El intendente Juan Ignacio Ustarroz abrió las sesiones ordinarias del Concejo Deliberante con un mensaje cuidadosamente armado: llamado al diálogo, diagnóstico económico adverso y una enumeración extensa de obras y políticas públicas. El acto se realizó el miércoles por la tarde en el Teatro Argentino Julio César Gioscio, con presencia de concejales, funcionarios, autoridades judiciales, fuerzas de seguridad y representantes institucionales.
El eje político del discurso fue claro. Ustarroz insistió con “la cultura del encuentro” y la necesidad de evitar la lógica de confrontación permanente que, según planteó, domina en redes sociales. En un año sin elecciones, buscó instalar un clima de moderación y consenso como horizonte local. El problema es que la apelación al diálogo, por sí sola, no responde a la pregunta que atraviesa la gestión municipal: qué margen real tiene Mercedes para sostener inversión y servicios en un contexto económico que, según el propio intendente, se vuelve cada vez más restrictivo.

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En materia económica, el intendente pintó un cuadro de caída de recursos y aumento de demanda. Señaló que la coparticipación habría perdido peso en el presupuesto municipal y que las transferencias nacionales para fondos afectados se redujeron drásticamente. A la vez citó indicadores nacionales de caída de recaudación y empleo registrado. Es una línea argumental habitual en intendentes de todo el país, pero en Mercedes adquiere un valor especial porque deja entrever algo que rara vez se explicita con todas las letras: gran parte del modelo de gestión de la última década se apoyó en flujos de financiamiento que hoy ya no están garantizados.
En ese marco, Ustarroz destacó que el municipio debió “mejorar recursos propios”, y enumeró acciones judiciales impulsadas o acompañadas por el gobierno local para frenar la quita de pensiones por discapacidad, sostener programas de lotes con servicios y reclamar continuidad de obras. La presentación lo muestra como un intendente que pelea por recursos y programas frente a un Estado nacional que se retiró. La contracara es evidente: si el municipio depende de litigios para sostener políticas básicas, la discusión ya no es sólo de gestión, sino de sostenibilidad.

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El repaso de obras y programas fue extenso y atravesó casi todas las áreas: agua potable, cloacas, obras hidráulicas vinculadas al río Luján, pavimento, centros de salud, transporte público municipal, cámaras de seguridad, programas sociales, cultura y turismo. El discurso buscó dejar una impresión de Estado presente y activo. Sin embargo, el listado de iniciativas no siempre vino acompañado de una evaluación de resultados. Se describieron acciones, pero hubo pocos datos sobre impacto concreto en variables que el vecino percibe todos los días: calidad de servicios, seguridad, empleo, presión fiscal y acceso a vivienda.
Uno de los pasajes más sensibles fue el referido al arsénico en el agua. Ustarroz afirmó que no hay antecedentes de enfermedades por consumo crónico y sostuvo que se realizan controles periódicos, además de advertir sobre la circulación de información falsa. El tono, más defensivo que explicativo, deja un riesgo: cuando una gestión se limita a descalificar la preocupación social, el tema no se apaga, se acumula. En un contexto de desconfianza generalizada, la transparencia se demuestra con datos públicos, informes accesibles y explicación técnica clara, no sólo con llamados a “ser responsables”.

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También hubo referencias al crecimiento de problemas sociales, con foco en salud mental, violencia y adicciones. Allí el intendente admitió que el deterioro se siente y que ninguna institución puede resolverlo en soledad. Ese tramo fue de los más realistas del mensaje. A la vez, dejó abierta otra pregunta inevitable: qué capacidad tendrá el municipio para sostener la red de contención si la demanda sigue subiendo y los recursos bajan.
En educación, defendió decisiones de reorganización, como el traspaso de salas maternales a la órbita provincial, y destacó convenios con escuelas para diagnosticar y mejorar alfabetización. En seguridad, habló de prevención, monitoreo y uso de inteligencia artificial en el centro de monitoreo, con una meta ambiciosa de llegar a mil cámaras. Son anuncios que suman, pero vuelven a chocar con el mismo límite: inversión y mantenimiento requieren recursos sostenidos, no sólo compra inicial.
El discurso incluyó un momento de fuerte carga emocional al recordar la muerte de Braian Cabrera durante los carnavales. Ustarroz pidió evitar oportunismos y planteó repensar la organización futura. En términos políticos, fue un intento de cerrar filas institucionales ante un hecho que golpeó la imagen de la ciudad. El problema es que la discusión sobre eventos masivos no se resuelve sólo con unidad: se resuelve con reglas claras, controles, responsabilidades y decisiones que suelen tener costo político.

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Con diez años de mandato, Ustarroz buscó reafirmar un método de gobierno: escuchar, planificar y hacer. Pero la apertura de sesiones dejó algo más que un balance. Mostró que Mercedes entra en una etapa distinta, con menos asistencia nacional, más tensiones sociales y un desafío central que todavía no aparece resuelto: cómo sostener un Estado municipal que se expandió en funciones cuando el financiamiento se achica.
En definitiva, la intervención funcionó como un cierre de filas y un mensaje de continuidad institucional, pero también expuso el punto débil de cualquier oficialismo que atraviesa su tramo final: cuando cambia el contexto de recursos, las obras dejan de ser el centro y la pregunta pasa a ser otra. Qué se puede sostener, qué se puede mejorar y qué se va a recortar, aunque nadie lo diga en voz alta.

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