Un municipio que no escucha: la pirotecnia sonora sigue presente pese a la ordenanza

A pesar de las iniciativas oficiales, los estruendos ya se escuchan en toda la ciudad, generando frustración entre quienes esperaban medidas más firmes para estas fiestas. La incertidumbre sobre la efectividad del control municipal se refuerza con cada explosión que altera la tranquilidad, afectando especialmente a niños y animales, los más vulnerables a este fenómeno.
Uno de los mensajes de la campaña municipal reza: “Vivamos estas fiestas en las que todos puedan disfrutar. El ruido de los fuegos artificiales provoca un enorme daño, generando estrés, ansiedad, taquicardia y temblores, entre otros efectos. Seamos solidarios. No la usemos”. Sin embargo, estas palabras parecen insuficientes frente a la falta de fiscalización que permita garantizar un verdadero cambio en las conductas de los ciudadanos.

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El municipio, que debería ser el principal garante de la aplicación de la ordenanza, se limita a una comunicación visual que, aunque bien intencionada, no sustituye la acción concreta. La falta de controles efectivos y sanciones visibles desalienta a quienes desean ver cumplidas las normativas, dejando a la comunidad en una posición de desamparo.
Para muchos vecinos, las noches de Navidad y Año Nuevo se anticipan como una repetición del mismo espectáculo caótico que año tras año sigue sin resolverse. Las campañas de concientización, aunque necesarias, pierden impacto cuando no están respaldadas por medidas contundentes que aseguren su cumplimiento. En Mercedes, el eco de la pirotecnia no solo retumba en los cielos, sino también en la paciencia agotada de quienes exigen un cambio que no llega.

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