La explicación oficial por los controles de tránsito reaviva el debate sobre los límites del procedimiento
Luego de la polémica desatada por imágenes que circularon en redes sociales, la Municipalidad difundió una explicación oficial sobre el operativo de tránsito y seguridad llevado adelante en las inmediaciones del predio de La Trocha. Según el comunicado, el procedimiento culminó con el secuestro de veinte motocicletas por falta de documentación, ausencia de patentes y uso de caños de escape antirreglamentarios.
Desde el Ejecutivo local se indicó que el operativo fue organizado por la Secretaría de Seguridad y contó con la participación de agentes de Tránsito y policías que actuaron de civil. El objetivo declarado fue reforzar la seguridad vial y evitar maniobras de fuga por parte de motociclistas, una situación que, según se argumenta, pone en riesgo a terceros.

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El secretario de Seguridad, Matías Maresca, explicó que la intervención de policías de civil responde a la búsqueda de nuevos procedimientos orientados a garantizar la eficacia de los controles. En ese sentido, sostuvo que la modalidad apunta a prevenir conductas peligrosas y a proteger al resto de los transeúntes.
Sin embargo, la explicación oficial no logra disipar todas las dudas que dejó el video. La presencia de personal de civil en un control de tránsito, un ámbito de carácter administrativo, abre un debate que excede el resultado del operativo y se centra en la forma. La normativa vigente establece que los controles deben ser previsibles, claramente identificados y ejecutados por autoridad visible, precisamente para evitar situaciones de confusión o escaladas de tensión en la vía pública.
El argumento de la eficacia, utilizado para justificar el procedimiento, choca con una preocupación de fondo: hasta qué punto la búsqueda de resultados puede desplazar los límites legales y protocolarios que rigen la actuación del Estado. La prevención de infracciones y la mejora de la seguridad vial son objetivos legítimos, pero no independientes de las garantías básicas ni de la necesidad de que el accionar oficial sea transparente y reconocible para el ciudadano.

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Mientras el Municipio insiste en que seguirá trabajando por un tránsito más seguro y una ciudad más tranquila, el episodio vuelve a instalar una discusión necesaria. No se trata solo de cuántos vehículos fueron secuestrados, sino de cómo se ejerce el control y qué mensaje se transmite cuando los procedimientos se alejan de los estándares habituales. En ese punto, la explicación oficial aporta contexto, pero también deja planteadas preguntas que aún esperan una respuesta clara.


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