Cooperativistas de Mercedes: la cara invisible de la desigualdad en el Día de la Mujer

Mientras Mercedes celebra el Día Internacional de la Mujer con actos protocolares y declaraciones oficiales sobre igualdad, un grupo de mujeres cooperativistas comienza su jornada laboral en la madrugada, cuando la mayoría de los vecinos aún duermen. Son las barrenderas municipales (o cuasimunicipales), trabajadoras que, armadas con escobas y bolsas, recorren las calles de la ciudad para mantenerlas limpias, convirtiendo su labor en un engranaje fundamental pero escasamente reconocido del funcionamiento urbano.

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Durante el reciente fin de semana de Carnaval, estas mujeres asumieron la ardua tarea de restablecer el orden y la limpieza tras las festividades, enfrentando condiciones laborales que contrastan drásticamente con los discursos sobre equidad que abundan en fechas como hoy. Sus sueldos, notablemente inferiores al costo de vida actual, las mantienen en una situación económica precaria a pesar de la esencialidad de su trabajo para el bienestar comunitario.

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La historia del Día Internacional de la Mujer tiene sus raíces en las luchas obreras por condiciones laborales dignas. El 8 de marzo recuerda específicamente a las trabajadoras textiles que en 1911 murieron en un incendio en Nueva York, así como a las manifestantes rusas que en 1917 iniciaron protestas por “pan y paz”. Paradójicamente, más de un siglo después, las cooperativistas de Mercedes continúan enfrentando problemáticas similares: remuneraciones desiguales, precariedad contractual y falta de reconocimiento social.

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El contraste resulta particularmente notorio cuando se analizan las políticas municipales. Por un lado, el gobierno local organiza actividades conmemorativas y emite comunicados sobre la importancia de la igualdad de género; por otro, mantiene un sistema laboral donde estas mujeres trabajan sin garantías adecuadas, sin acceso a beneficios sociales completos y con ingresos que difícilmente les permiten cubrir sus necesidades básicas.
La situación de las cooperativistas de Mercedes refleja una realidad más amplia: la feminización de ciertos trabajos precarizados. Las tareas de limpieza, tradicionalmente asignadas a mujeres en el ámbito doméstico, se trasladan al espacio público manteniendo características similares: poca visibilidad, escasa valoración social y remuneración insuficiente. Este fenómeno contradice directamente los principios de “igual salario por igual trabajo” que las luchas feministas han defendido históricamente.
Las cooperativistas representan, así, la brecha entre la retórica institucional y las políticas concretas. Mientras el municipio recibe reconocimiento por espacios urbanos limpios y ordenados, especialmente después de eventos multitudinarios como el Carnaval, quienes realizan este trabajo permanecen en las sombras, comenzando sus labores cuando la ciudad aún duerme y concluyéndolas cuando muchos apenas inician su día.
En este 8 de marzo, mientras se multiplican los homenajes y declaraciones sobre el avance en derechos femeninos, resulta imperativo visibilizar a estas trabajadoras y cuestionar el doble discurso municipal que celebra la igualdad mientras sostiene estructuras laborales que perpetúan la desigualdad económica y social de muchas mujeres mercedinas.

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