“Radicales Z”: el acercamiento a Zubeldía que expone la crisis de la UCR mercedina

La incorporación de Killmeate al equipo de Bernardo Zubeldía ofrece una imagen del momento que atraviesa el radicalismo en Mercedes: un dirigente identificado durante décadas con la UCR encuentra hoy en el vecinalismo el lugar desde el cual intervenir en la política municipal. Su decisión excede el movimiento individual y plantea una pregunta para el partido: cuánto espacio conserva como alternativa propia y cuánto de su trayectoria empieza a alimentar proyectos conducidos por otros.

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El episodio más reciente tiene como escenario la discusión por el convenio municipal con el CEAMSE. Killmeate confirmó su acompañamiento a Vecinos por Mercedes y explicó que busca aportar su experiencia en la revisión de expedientes y el control administrativo. Desde esa posición respaldó los cuestionamientos de Zubeldía al tratamiento del acuerdo.
El exconcejal sostuvo que las observaciones del contador municipal Fernando Roldán señalaban problemas de procedimiento y que la renovación contractual y el reconocimiento de deuda debían tramitarse por separado. También afirmó que no correspondía reconocer intereses por reclamos que el CEAMSE no había liquidado oportunamente y acompañó los señalamientos sobre una diferencia de 60 millones de pesos en el cálculo de los servicios.
Sus críticas alcanzaron al presidente del bloque Fuerza Patria, Santiago Altube, y a la agenda del Concejo Deliberante. Killmeate cuestionó la prioridad otorgada a los repudios al Gobierno nacional y reclamó mayor atención a problemas que afectan directamente a los mercedinos, como las prestaciones de IOMA, el estado de las rutas provinciales 41 y 42 y los haberes de los jubilados municipales.
La dimensión política aparece en el lugar desde el cual formula esos planteos. Su experiencia como exconcejal pasa a fortalecer la tarea de una fuerza vecinal que busca disputar la conducción municipal. Para Zubeldía, sumar a un dirigente con recorrido institucional representa una incorporación de conocimiento y vínculos. Para la UCR, abre un interrogante sobre su capacidad de contener y dar participación a figuras formadas en su propia estructura.

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El acercamiento ya había sido anunciado en septiembre, cuando Zubeldía y Romanela Vautretto se reunieron con Killmeate y José María “Sesón” Comesaña. Ambos exconcejales expresaron su respaldo al proyecto vecinal, mientras que Comesaña se incorporaría como asesor externo en salud comunitaria. Killmeate actuó como nexo para el encuentro y fundamentó su apoyo en la posibilidad de responder a las demandas locales de servicios e infraestructura.
Ese respaldo no permite afirmar que toda la UCR acompañe al vecinalismo ni que sus afiliados hayan adoptado una posición común. Sí muestra que el partido enfrenta una competencia que también alcanza a dirigentes con historia radical, capaces de conservar esa identidad y, al mismo tiempo, elegir otra herramienta para su actuación política.
Los resultados electorales aportan un dato concreto para dimensionar esa dificultad. En septiembre de 2025, el radicalismo mercedino participó de Somos Buenos Aires junto con la Coalición Cívica, con una lista encabezada por Inés Ghione. La propuesta buscaba sostener representación en el Concejo Deliberante, pero no consiguió incorporar concejales.
El escrutinio definitivo asignó a Somos Buenos Aires 1.151 votos, equivalentes al 3,10% de los votos positivos. Vecinos por Mercedes obtuvo 4.662, el 12,55%, y accedió a dos bancas. Fuerza Patria reunió el 39,80% y La Libertad Avanza el 34,63%. Estos números muestran el rendimiento de las listas en aquella elección, aunque no permiten identificar cuántos votantes radicales eligieron cada propuesta ni atribuirles un traslado uniforme hacia el vecinalismo.

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La distancia electoral resulta significativa. La alianza que integró la UCR quedó sin representación nueva, mientras el espacio de Zubeldía consiguió ingresar al Concejo y ocupar un lugar propio en una elección dominada por Fuerza Patria y La Libertad Avanza. La dificultad radical para disputar ese terreno constituye un problema concreto, más allá de las distintas interpretaciones sobre sus causas.
Hablar de desaparición sería ir más lejos de lo que permiten los hechos. La UCR conserva un bloque integrado por Daniel Ivaldis y Aida Laporta, cuyos mandatos se extienden hasta 2027. El partido mantiene, por lo tanto, representación institucional, aunque enfrenta el desafío de renovarla y convertirla en respaldo electoral.
También sostiene actividad interna. En junio de este año, Marisa Brilado ganó la presidencia del comité local frente a Marcelo Ventrelli. Participaron apenas 346 afiliados: la lista vencedora obtuvo 188 votos y la otra propuesta, 158. La existencia de dos listas y una nueva conducción muestra una organización que continúa funcionando. Otra cuestión es su capacidad de convocatoria ante el conjunto del electorado.
Allí aparece una diferencia central para entender el presente radical. El partido puede conservar autoridades, afiliados y concejales, pero tener dificultades para instalar una candidatura competitiva o una propuesta que reúna adhesiones más allá de su núcleo habitual. La continuidad de la estructura y la recuperación de influencia política requieren esfuerzos distintos.

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La crisis tampoco comenzó con el acercamiento a Zubeldía. En diciembre de 2024, la discusión por las tasas municipales había expuesto diferencias entre concejales radicales, mayores contribuyentes y conducción partidaria. Killmeate rechazó el aumento del 69% y cuestionó la postura de los ediles. En aquel momento reivindicó su afiliación radical desde 1982 y sostuvo que su decisión respondía a la defensa de los contribuyentes.
El comité local también tomó distancia del incremento que habían acompañado sus representantes en el Concejo. Ese episodio dejó al descubierto un problema de coordinación y definición política: distintos integrantes del mismo espacio sostuvieron posiciones enfrentadas sobre una decisión central para los vecinos.
Ese antecedente ayuda a comprender que el vínculo de Killmeate con el vecinalismo se produce después de desacuerdos públicos dentro del radicalismo. No alcanza para explicar por sí solo su decisión actual, pero permite ubicarla en una trayectoria de distanciamiento político, sin presumir una desafiliación que no ha sido acreditada.
El desafío de la UCR mercedina es transformar su estructura, sus bancas y su historia en una propuesta reconocible. La continuidad del comité garantiza organización, pero la recuperación electoral requiere una agenda, una conducción y una posición frente a los problemas municipales que los vecinos puedan identificar con el partido.
Para una fuerza que aspira a representar una alternativa, las diferencias sobre cómo ejercer la oposición tienen consecuencias. El acompañamiento de algunas decisiones del Ejecutivo, las críticas de otros sectores partidarios y la participación de dirigentes históricos en proyectos externos pueden dificultar la construcción de una identidad pública compartida.
Desde esa perspectiva, el acercamiento de Killmeate a Zubeldía admite una lectura más amplia: el radicalismo conserva dirigentes con experiencia, pero enfrenta dificultades para reunirlos alrededor de un proyecto propio con capacidad de competir. El vecinalismo encuentra allí una oportunidad para sumar apoyos y ampliar su base.
La pregunta que dejan estos “radicales Z” es qué lugar tendrá la UCR en la próxima etapa política de Mercedes. Los hechos muestran una fuerza que sigue presente, aunque debilitada electoralmente y atravesada por diferencias. Su futuro dependerá de si logra recuperar iniciativa o si una parte creciente de su capital político termina construyendo alternativas por fuera de su conducción.
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