Ustarroz vetó la ordenanza impositiva y el reloj político empezó a correr en el Concejo

El intendente Juan Ignacio Ustarroz vetó la ordenanza fiscal impositiva sancionada el 12 de diciembre y el escenario político del Concejo Deliberante de Mercedes entró en una cuenta regresiva. La decisión, formalizada mediante el Decreto N° 2637 del 17 de diciembre de 2025, se apoya en un argumento contundente: la norma fue aprobada sin alcanzar la mayoría constitucional exigida para la creación de tributos.
El fundamento del veto es estrictamente procedimental. Las ordenanzas de carácter impositivo requieren mayoría absoluta de la totalidad de los miembros del cuerpo, es decir, 19 votos afirmativos. El acta de la sesión demostró que la ordenanza obtuvo solo 18 votos positivos, lo que configura un vicio de nulidad absoluta por incumplimiento de un requisito constitucional esencial. Con ese dato sobre la mesa, el Ejecutivo optó por cortar el problema de raíz antes de que derivara en una judicialización inevitable.

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Pero el veto no solo dejó sin efecto la ordenanza. También expuso un nuevo problema político inmediato. Uno de los concejales del oficialismo ya se encuentra de vacaciones y no estaría presente en una eventual nueva sesión. Con esa ausencia, el bloque oficialista ya no alcanza siquiera los 18 votos que había reunido en diciembre, quedando aún más lejos del umbral de 19 exigido por la Constitución.
El tiempo, además, juega en contra. Los mayores contribuyentes tienen mandato hasta el 31 de diciembre. A partir del 1 de enero deberá conformarse una nueva nómina, con una representación distinta, acorde al recambio legislativo ocurrido el 10 de diciembre. Ese cambio altera la correlación de fuerzas dentro de la Asamblea y reduce aún más la capacidad del oficialismo para imponer una solución rápida.
En ese contexto, la oposición aparece con una oportunidad política clara. Con la ordenanza vetada, sin mayoría asegurada y con el calendario institucional avanzando, ahora tiene margen para hacer valer su posición y condicionar el tratamiento de una nueva norma impositiva. Ya no se trata solo de oponerse a un proyecto, sino de incidir de lleno en el procedimiento y en los tiempos.
El camino institucional a seguir no admite atajos. No alcanza con volver a votar la ordenanza caída ni con intentar subsanar el error anterior. El vicio es de origen y el trámite quedó agotado. Lo que corresponde es iniciar un nuevo proceso legislativo completo: presentar un nuevo proyecto de ordenanza fiscal impositiva, darle tratamiento en comisión, emitir dictamen y luego llevarlo al recinto para su votación en la Asamblea de Concejales y Mayores Contribuyentes, alcanzando de manera efectiva los 19 votos afirmativos requeridos.

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Cualquier intento de forzar una salida distinta solo agravaría el problema y expondría al Municipio a un nuevo conflicto legal. El veto de Ustarroz ordenó el tablero, pero también dejó en evidencia que el margen político del oficialismo es hoy más estrecho que nunca. Con ausencias, recambios y plazos que corren, la discusión impositiva pasó a ser también una disputa de poder, tiempos y procedimientos dentro del Concejo Deliberante.

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