Los corsos mercedinos y el baúl de los recuerdos

Alla viene la comparsa del Tío Rico con Chiche Noriega a la cabeza. Cuidado que te corre un toro con cuatro o cinco locos que van adentro sin saber quiénes son. Ojo, cuidado a la vuelta a casa porque te hacen sopa desde arriba de las terrazas. Quién gana este año?, la carroza de César Mariella o la del Teatro Talía.
Todo está guardado en el baúl de los recuerdos cada vez que se avecinan las noches de corso. Ahora son cuatro noches corridas, antes casi todos los fines de semana de febrero. Todos paseando por la 29 bajo una lluvia de nieve. Hasta los autos iban y venían por la avenida principal. Los limpia parabrisas no daban a basto para sacar la nieve y hasta andaban caballos!!! en el medio de la multitud.

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Allá viene Abelito o es Carlitos Chaplín? y allá a lo lejos por los años 90 se acerca un enorme acoplado con más de 50 muchachos travestidos que se hacen llamar Las Chicas de la Carne!!! Y aquellos que vienen corriendo desaforados con una camilla loca disfrazados de enfermeras con un paciente moribundo lleno de sangre que se levanta y corre a la gente.
Había una selección de autos multimarcas, destrozados, abollados, cuya sirena te taladraba los oídos, pero andaban!!! Fititos, Citroen, Izard, Renault 4 con gente encapuchada, soleros de mujer, ruda y harina para embadurnar a los conocidos que encontraban y que eran capaz de correr durante tres o cuatro cuadras hasta alcanzarlos.

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Carros con cañas y una percusión que quería simular a la de las comparsas golepando con palos a los tachos de doscientos litros de chapa y la gente que iba y venía por la avenida 29 que demoraba un poco más cuando llegaba a la altura del palco frente a la mariposa multicolor que le daba la espalda a la plaza San Martín.
Agachate que vienen los Indios!!! Gritaban los locutores porque las vocinas de OMDA no daban a basto para que las voces sean claras. Es que llegaba el corso y la gente se sacaba todos su tapujos detrás de una careta y decían a unos y otros, “nos vemos en los corsos”.

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Hoy a la distancia, de aquel baúl de la nostalgia, solo queda vigente el irreemplazable y característico aroma que surge de la mezcla de la nieve y el choripán. Los tiempos cambiaron. Hoy es un hermoso espectáculo por la calidad que fueron logrando los grupos de bailes, que pasaron a ser los máximos protagonistas. Alguien dijo que la llegada de las vallas y las gradas organizaron la avenida de otra manera, le dio otro vuelo artístico, pero desalentó a aquellos de la harina y la ruda, a quienes golpeaban tachos o se animaban a ponerse ropa de mujer.
Anécdotas miles, recuerdos de sobra, quizá faltará recordar muchísimas cosas más, que dejamos a criterio de nuestros lectores, para que sigan aportando al baúl de la nostalgia de nuestros queridos corsos mercedinos.
Por: una máscara suelta.


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