“El club es de los socios”, pero el Perugia es de Faroni

“El club es de los socios” es una consigna que se repite como dogma en el fútbol argentino. Se invoca para resistir cambios, para cerrar filas y para descalificar cualquier discusión sobre transparencia o control. Sin embargo, esa frase hoy queda atrapada en una contradicción difícil de explicar frente a una investigación judicial que pone bajo la lupa el destino de millones de dólares ligados al entramado económico del fútbol local.
El foco está puesto en Javier Faroni y en una serie de transferencias que, según consta en expedientes y publicaciones periodísticas, habrían derivado alrededor de 6,2 millones de dólares desde cuentas vinculadas al entorno de la Asociación del Fútbol Argentino hacia sociedades en el exterior. El destino final de esa operatoria fue la compra del Perugia Calcio, institución histórica del fútbol italiano que actualmente compite en la Serie C.

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La maniobra investigada describe un recorrido complejo de fondos que habrían salido de cuentas en las que se detectó dinero relacionado con la AFA y terminaron en empresas controladas directa o indirectamente por Faroni. Desde allí se concretó la adquisición del club italiano, un movimiento que nada tiene que ver con el desarrollo del fútbol argentino ni con los intereses de sus socios.
El contraste resulta inevitable. Mientras puertas adentro se insiste en que los clubes son entidades sin fines de lucro, sostenidas por sus hinchas y socios, puertas afuera aparecen estructuras privadas capaces de movilizar cifras millonarias provenientes de la AFA para inversiones deportivas en el extranjero. La pregunta incómoda es qué controles existen sobre esos recursos y quién responde cuando el dinero cruza fronteras.
El caso también expone una desigualdad difícil de justificar. En Argentina, muchos clubes enfrentan problemas financieros crónicos, atrasos salariales, infraestructura deteriorada y una dependencia creciente de adelantos y favores. Al mismo tiempo, surgen operaciones que permiten comprar un club en Europa, con fondos cuyo origen hoy está bajo sospecha judicial.
La causa aún debe recorrer su camino en los tribunales y determinar responsabilidades penales. Pero el daño simbólico ya está hecho. La frase “el club es de los socios” vuelve a sonar vacía cuando los millones parecen circular lejos de cualquier asamblea, balance claro o control efectivo.

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El Perugia de Faroni se convierte así en algo más que un club italiano. Es el espejo de una dirigencia que defiende consignas mientras los hechos avanzan en sentido contrario. Y deja flotando una duda que el fútbol argentino evita responder desde hace años: si los clubes son de los socios, ¿quién maneja realmente el dinero y con qué límites?

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