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Crónicas policiales: a 20 años de la toma de rehenes que conmovió a todo un país

Imposible olvidar las imágenes con el entonces periodista de El Civismo de Luján, Martín Filpo tomado de rehén y amenazado de muerte por más de tres horas por el entonces Diego Walter “El Sucio” Guardo, quien luego de cumplir la condena dictada en Mercedes, tuvo un trágico final en un tiroteo con la policía.

14 de Junio de 2020 • 14:40

La toma de rehenes que más rating tuvo en la historia de la televisión argentina comenzó como un robo más. El 14 de junio de 2000, Diego Walter “El Sucio” Guardo y sus cómplices, José Luis Palacios y Jorge Martínez, asaltaron a punta de pistola un negocio metalúrgico: “Carrocerías El Quinto”, en Luján.

Robaron apenas 600 pesos (que por entonces equivalían a 600 dólares) y escaparon en un Fiat Duna por la avenida Gaona. Un patrullero de la comisaría 1ª de Luján, alertado del asalto, los persiguió durante tres kilómetros pero quedó fuera de camino cuando chocó contra un árbol.

Un camión de Infantería de Mercedes tomó la posta y siguió la persecución: Guardo y los suyos iniciaron el tiroteo. Al final, tomaron la colectora de Gaona y bajaron en el cruce con la ruta 28, en General Rodríguez. Allí, se bajaron del auto en la playa de estacionamiento de una estación de servicio EG3 y entraron en las oficinas administrativas.

Con rapidez, tomaron de rehenes a un empleado, un camionero y un albañil. Más de cien policías, entre ellos los expertos de la fuerza especial del Grupo Halcón, vestidos con uniforme militar, rodearon la manzana. Guardo estaba asomado por un ventanal. En el lugar había cámaras de televisión, periodistas y fotógrafos. Cuando el empleado comenzó a sentirse mal, el Sucio aceptó que fuera reemplazado por otro rehén. En ese momento, un joven fotógrafo del diario El Civismo de Luján, Martín Filpo, dejó de cubrir la noticia y se ofreció como cautivo. El Sucio le rodeó el cuello con la mano izquierda, que lucía pulseras de oro, un reloj y una alianza, y con la derecha sostuvo el arma. Durante tres horas, Filpo sintió el caño de la pistola en su nuca.

–¡Quiero ese Peugeot 306 marrón que está ahí! ¡Tráiganmelo! –le exigió el Sucio a la Policía. El negociador le pidió calma, pero él le respondió:
–¡Cómo querés que me tranquilice si me tienen acá hace dos horas!
Luego miró a los fotógrafos y amenazó:
–Si quieren que su compañero siga viviendo, consigan un auto. ¡Crónica! Filmame las espaldas. No quiero matar a nadie pero tampoco que me maten.

La toma de rehenes fue seguida por miles de personas. Se vivió con la tensión de una película dramática. El desenlace estaba cerca. Mientras Guardo daba la cara, Palacios negociaba con un policía a través de dos teléfonos celulares. Pedía la presencia de un juez y un abogado. Los sabuesos comenzaron a acercarse y eso inquietó a Guardo.

–¡Y el auto! ¡Sacá el patrullero de acá! ¡Queremos un abogado! –ordenó el Sucio y disparó al aire mientras cerraba los ojos. En ese momento, sólo unos pocos supieron que había cometido un error que le costaría caro. La recámara de su pistola había quedado abierta. Eso demostraba algo: el Sucio se había quedado sin balas. En cinco segundos, los policías lo rodearon aún más.

–¡Fuera ahí! ¡Fuera ahí! ¡Salí de ahí! ¡Tomatelá o lo mato! ¡Tomatelá o lo mato! –exigía Guardo mientras reculaba sin soltar al rehén. Por el costado, los hombres de Halcón habían entrado después de romper una puerta de vidrio.

El Sucio miró para atrás y en ese segundo de distracción descuidó el frente. De un zarpazo, disfrazado de fotógrafo (gorrita blanca y cámara colgada del cuello), el oficial Daniel Abaca –uno de los jefes del grupo Halcón– saltó por el ventanal y se abalanzó sobre Guardo. Se escucharon disparos, corridas, gritos de pánico y el estallido de una bomba de gas.
–¡Tirá el arma! ¡Tirá el arma! –gritó un policía. Los rehenes se agarraban de la cabeza.

El 19 de diciembre de 2000, el Tribunal de Mercedes condenó a Palacios a 15 años de prisión y a Diego Guardo a 13 años por “encubrimiento agravado, robo calificado por el uso de arma, resistencia a la autoridad y abuso de armas, coacción agravada y privación ilegítima de la libertad”.

En 2008, ocho años después de la toma, el policía se reencontró con Guardo. Días antes, había visto el programa televisivo Cuentas Pendientes, donde Guardo se reunió con su ex rehén Martín Filpo y le pidió perdón. “Jamás podría aceptar tu perdón”, confesó el fotógrafo quien abandonó su carrera como periodista.

“El Sucio” recuperó la libertad el 23 de julio de 2010. En cuanto salió, volvió a delinquir y a trenzarse en tiroteos con la Policía. El 14 de febrero de 2011, fue abatido durante un tiroteo con agentes de Los Polvorines, en Malvinas Argentinas.Cayó muerto de al menos tres impactos de bala: uno en el mentón, otro en una axila y el tercero en el pecho. Más tarde, gracias a los tatuajes, a las fichas dactilares y al reconocimiento positivo de una prima, la Policía advirtió que se trataba de “El Sucio”. Tenía 34 años.

Fuentes consultadas: BigBang News. El Civismo de Luján.

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