A 43 años del discurso de Alfonsín que convirtió al Obelisco en una postal de la democracia
Aquel miércoles una multitud se reunió alrededor del Obelisco para escuchar a Raúl Alfonsín en el cierre de su campaña porteña. Faltaban cuatro días para las elecciones y el candidato presidencial de la Unión Cívica Radical planteó una tarea que excedía la disputa por los votos: establecer una convivencia política que impidiera nuevas interrupciones del orden constitucional. Hoy se cumplen 43 años de aquel acto, conservado en los registros audiovisuales de Radio y Televisión Argentina.

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Entre los pasajes de aquella noche quedó una definición que condensaba su manera de presentar la competencia electoral: “No hay dos pueblos. Hay dos dirigencias, dos posibilidades. Pero hay un solo pueblo”. Con esa distinción, Alfonsín reconocía la existencia de proyectos enfrentados y, al mismo tiempo, rechazaba que sus votantes pertenecieran a comunidades irreconciliables.
El discurso incluyó críticas severas al justicialismo y a su crisis de conducción después de la muerte de Juan Domingo Perón. Esa confrontación estuvo acompañada por una distinción explícita entre las responsabilidades que atribuía a los dirigentes y los ciudadanos que habían confiado en ellos. Su convocatoria buscaba incorporar también a esos argentinos a la construcción democrática.
La denuncia de la dictadura ocupó otro tramo central. Alfonsín cuestionó la represión ilegal, el endeudamiento y las consecuencias económicas del régimen militar. Desde ese diagnóstico, propuso recuperar una autoridad política fundada en la capacidad de persuadir y aceptar las discrepancias. La tolerancia aparecía como una exigencia para ejercer el poder, incluida la obligación de escuchar las críticas y admitir que otros pudieran modificar las propias posiciones.

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La dimensión social también estuvo presente. El candidato vinculó la reconstrucción institucional con la atención de las necesidades de los sectores más postergados, el trabajo y la igualdad de oportunidades. Su planteo asociaba la continuidad democrática con la posibilidad de sostener esfuerzos colectivos sin que la violencia destruyera periódicamente lo construido.
El cierre convirtió al Preámbulo de la Constitución Nacional en protagonista. Alfonsín recitó sus líneas finales ante la multitud, en el gesto que su campaña había instalado como un “rezo laico”. La referencia constitucional sintetizaba la promesa de recuperar reglas comunes para organizar la vida pública.
Cuatro días después, el 30 de octubre, el dirigente radical ganó las elecciones presidenciales con el 51,75% de los votos. Aquella concentración quedó como una de las imágenes emblemáticas de la campaña que lo llevó a la Presidencia.
Volver sobre ese discurso permite reconocer una preocupación que atravesaba sus argumentos: cómo disputar el gobierno sin destruir las condiciones para convivir. A 43 años, ese es uno de los puntos desde los cuales puede leerse una intervención pronunciada cuando la Argentina se preparaba para recuperar las urnas.


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