San Andrés de Giles celebra 219 años y vuelve a su origen: la historia detrás de la primera misa

La historia de San Andrés de Giles comenzó mucho antes de que existiera como ciudad. A fines del siglo XVIII estas tierras formaban parte del antiguo Pago de Areco, un territorio rural extenso donde las estancias eran pocas y dispersas. En ese escenario todavía incipiente, Francisco de Suero y Giles decidió donar un terreno para levantar un oratorio que diera contención espiritual a los pobladores de la zona. Esa decisión, modesta en apariencia, terminó marcando el nacimiento de la comunidad.

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El impulso decisivo llegó de la mano del presbítero Vicente Piñero, quien gestionó durante años los permisos necesarios para construir la capilla. Aquella estructura sencilla, con paredes de barro y techo de teja, quedó lista a comienzos del siglo XIX. La fecha que selló su lugar en la historia fue el 30 de noviembre de 1806, cuando se celebró la primera misa y se consagró a San Andrés Apóstol como patrono. Desde entonces, ese día se reconoce como el momento fundacional del pueblo.
El caserío que rodeaba al oratorio se expandió con el correr de las décadas. La capilla fue elevada a parroquia en 1830, el partido quedó formalmente constituido en 1832 y, ya hacia fines del siglo XIX, la llegada del ferrocarril transformó por completo la dinámica local. La estación ferroviaria permitió sacar la producción agropecuaria hacia Buenos Aires y consolidó un crecimiento que convertiría a Giles en un punto de referencia dentro de la región.

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Hoy, 219 años después, la ciudad celebra un nuevo aniversario con el mismo espíritu que acompañó a sus primeros habitantes: reunir a la comunidad en torno a su historia. El acto oficial, la misa dedicada al santo patrono y las actividades culturales previstas a lo largo del día forman parte de una tradición que mantiene viva la memoria fundacional.
Cada 30 de noviembre, San Andrés de Giles vuelve a mirar hacia ese primer oratorio levantado en medio de la pampa. No solo para recordar cómo empezó todo, sino para reafirmar una identidad que atravesó generaciones y se mantiene intacta. Celebrar el aniversario es, en definitiva, honrar la continuidad de una comunidad que creció, se transformó y nunca perdió el vínculo con su origen.


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