Estacionamiento medido y salarios bajos: el reclamo docente reabre el debate

Docentes de Mercedes que dictan clases en establecimientos ubicados dentro del área de estacionamiento medido presentaron un pedido de modificación de la ordenanza para obtener una eximición cuando dejan el vehículo por períodos breves. El argumento es operativo: muchos deben moverse de una escuela a otra en pocos minutos y no tienen margen real para estacionar fuera del radio y llegar a tiempo.
El planteo describe una dinámica concreta del trabajo docente. Hay cargos repartidos en distintos edificios y horarios encadenados con ventanas mínimas de traslado. En esas condiciones, el auto deja de ser comodidad y pasa a ser herramienta. El estacionamiento medido, entonces, se convierte en un gasto repetido varias veces por día y acumulado a lo largo del mes.

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Hasta ahí, el reclamo sectorial. Pero el tema de fondo es otro y merece decirse sin rodeos: el salario docente en la provincia de Buenos Aires es bajo. La política salarial del gobierno de Axel Kicillof viene corriendo detrás de la inflación y el resultado es conocido: ingresos que pierden poder de compra y trabajadores que miran cada gasto fijo con lupa. Si pagar estacionamiento para poder trabajar empieza a sentirse pesado, el problema no es solo la ordenanza, es el nivel del sueldo.
También vale recordar que meses atrás se dio una situación parecida con empleados municipales, que plantearon un pedido en la misma línea y no prosperó. Se trata de otro sector con ingresos reducidos, donde el costo diario de estacionar cerca del lugar de trabajo también impacta. El patrón se repite: salarios chicos, gastos urbanos en alza y pedidos de excepción como vía de alivio.
Hay además una lectura política inevitable. Para muchos trabajadores resulta hoy más viable pedir una dispensa en una tasa local que lograr una recomposición salarial de fondo. En el caso docente, depende de la Provincia. En el caso de los municipales, del propio Municipio. Gestionar una excepción es más rápido y probable que torcer una paritaria. No resuelve el problema estructural, pero ofrece un parche inmediato.
El debate por el estacionamiento medido, una vez más, funciona como síntoma. No se discute solo dónde dejar el auto: se discute cuánto rinde el salario real de quienes sostienen servicios esenciales y por qué cada nuevo costo fijo termina generando conflicto. Cuando trabajar empieza a implicar pagar de más para poder cumplir horario, la señal es clara aunque incomode.

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