Liberaciones en Venezuela: el poder suelta presos políticos pero evita reconocerlos como tales

El anuncio llegó como noticia de última hora y se difundió desde vocerías oficiales: Venezuela comenzó a liberar a un grupo de personas detenidas en el marco de la crisis política de los últimos meses. El dato es concreto, las salidas de prisión están ocurriendo. Lo que no cambia es el relato del poder. En ningún comunicado aparece la expresión que desde hace años divide aguas dentro y fuera del país: presos políticos.
El gobierno venezolano mantiene una línea discursiva conocida. Las liberaciones son presentadas como revisiones de causas judiciales, beneficios procesales o decisiones administrativas, siempre bajo la premisa de que no hubo detenciones por razones políticas sino por delitos tipificados en la legislación local. Es una fórmula repetida, diseñada para evitar admitir que existieron encarcelamientos ligados a la disidencia.

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Del otro lado, la oposición y las organizaciones de derechos humanos sostienen lo contrario. Señalan que buena parte de las personas excarceladas fueron arrestadas tras protestas, manifestaciones o actividades políticas, y que su liberación confirma, aunque de manera implícita, que nunca debieron haber estado privadas de la libertad. La discusión no es semántica: reconocer la existencia de presos políticos implica aceptar violaciones a derechos fundamentales.
El contexto refuerza esa lectura. Las excarcelaciones se producen en medio de una fuerte presión internacional y de un escenario interno marcado por cuestionamientos a la legitimidad institucional y a la actuación del sistema judicial. Para los organismos independientes, liberar detenidos sin reconocer su condición es una forma de descomprimir tensiones sin asumir responsabilidades.
En los hechos, el gobierno libera, pero no concede. No hay autocrítica ni cambio de postura oficial. La palabra prohibida sigue fuera de los comunicados, aunque para muchos ya no haga falta nombrarla. Cada persona que sale de una celda vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda que el poder venezolano se niega a responder: si no eran presos políticos, ¿por qué su libertad se convierte en noticia de Estado?

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La escena deja una certeza y una incógnita. La certeza es que las liberaciones existen y continúan. La incógnita es si este proceso será el inicio de un giro real o apenas un gesto calculado, pensado para ganar tiempo sin reconocer aquello que, puertas adentro y afuera del país, casi nadie discute.

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