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Pandemias de ayer y hoy: cualquier parecido con la realidad...

Se dice a menudo que la historia se repite. No dejemos que la historia se repita. Seamos disciplinados y no soltemos nada. La vida no tiene precio, salvo el del dolor de la pérdida de un ser querido.

12 de Agosto de 2020 • 18:10

La Gripe Española duró dos años, entre 1918 y 1920. Fueron tres oleadas de contaminación, con 500 millones de personas infectadas y alrededor de 50 millones de personas fallecidas.

La mayoría de las muertes se produjeron, durante la segunda ola de contaminación. La población soportaba tan mal la cuarentena y las medidas de distanciamiento social, que cuando tuvo lugar el primer de confinamiento, la población comenzó a alegrarse en las calles, abandonando todas las precausiones.

En las semanas siguientes llegó la segunda ola de contaminación, con decenas de millones de muertes. Se dice a menudo que la historia se repite. No dejemos que la historia se repita. Seamos disciplinados y no soltemos nada. La vida no tiene precio salvo el del dolor de la pérdida de un ser querido.

Aquella pandemia tiene mucha similitud a esta que estamos atravesando. Esto decía lo que publicaba el Boletín Oficial Extraordinario de la Provincia de Burgos, España en uno de sus párrafos en el año 1918:

“...asimismo recuerdo que la infección, se propaga por las gotitas de saliva que despide el que habla, tose, etc. a nuestro lado, al ser respiradas por quienes le rodean si está enfermo o convaleciente. Que se abstengan, en consecuencia, de permanecer en locales cerrados, mal ventilados, donde se reúne mucha gente, como tabernas, cafes, etc. Que se extrema la limpieza de las casas. Que se tengan abiertas todo el día las ventanas de los dormitorios y se ventilen con frecuencia los locales donde permanezcan durante el día.

Estar en el campo el mayor tiempo posible, porque el aire libre, el agua y la luz, son los mejores desinfectantes en esta ocasión. Tener mucha limpieza de la boca y en una palabra seguir los consejos del médico y desoir a los ignorantes que os invitan a beber alcohol o consumir tabaco como remedios preventivos por ser sus efectos en esta ocasión más nocivos que nunca...”

En 1918 se publica en este boletín, a través de la Junta Provincial de Sanidad, que en un pueblo como Los Balbanes, en plena pandemia de la gripe española, fueron unos mozos a la función de Villaquirán, contrayendo allí la enfermedad y habíendose celebrado a continuación los festejos en el primero de dichos pueblos, en pocos días llegó el número de atacados a 800, de los 1200 vecinos que lo habitan. Por tanto estoy resuelto a castigar duramente, como ya se ha hecho en algún caso, a los incumplidores de esta disposición.

Cualquier parecido con esta realidad, ¿es mera coincidencia?.

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